Escrito el Domingo 19 de Mayo por “La Fiera Humana”.
Paula se despertó, no cuando su cuerpo le notificaba que ya estaba suficientemente descansado, sino cuando su iPhone vibró y se alumbró con un SMS proveniente de Stephanie recordándole sobre el almuerzo que tocaba hoy en la tarde de Domingo y en el que habían quedado hacía algún tiempo. Sus ojos se comenzaron a ajustar a la luz proveniente del dichoso iPhone, y no a la luz natural del Sol. Sus ojos se acomodaban al despertar del Facebook y los “updates” de Instagram con las asombrosas experiencias de sus amigas la noche antes en el AlleyCatz. Paula estaba más que excitada cuando notó que habían 4 nuevos mensajes en Facebook para ella, pero la excitación rápidamente se disipó al notar que todos provenían de “Losers” y no de ningún macho Alpha.
Se estiró, y vagamente salió de la cama al baño, por supuesto teléfono en mano. Saltó de ahí al desayuno y solo atinó a un par de tostadas y jugo de mango President’s Choice sin llenarse mucho, para poder disfrutar mejor el almuerzo con Stephanie. Ahí, en el centro de la mesa, “Un hombre de Verdad” de Boris Polevoy, y si te percatas mejor, una fina capa de polvo cubriendo la carátula. Lo había recibido como regalo, y aunque disfrutó leer las primeras 14 páginas, se distrajo con alguna otra cosa en aquel momento y nunca más lo había abierto. No sintió para nada que fuera una pérdida el no haber tenido voluntad para terminarse aquel libro, porque su ocupado día leyendo revistas de moda, poniendose al dia con el reality show de las Kardashians o leyendo blogs y chismes online llevaba intrínseco más sabiduría y enseñanzas que la inútil vida de un piloto sin piernas de la Segunda Guerra Mundial.
Un libro, a diferencia de los sitios online, no le permitía dejar sus comentarios “sabios” a los que otras personas, mayormente machos, darían validez dando votos positivos, alimentando así su ego.
Llegó a tiempo al Gabby’s de King Street donde Stephanie la esperaba. “Oh! luces amazing!” - dijo con típico acento Toronteño. Era su línea típica de apertura cuando se encontraba con una amiga después de más de 15 días sin verla. Si no llevaba más de 15 días sin verla, entonces el saludo típico sería “Oh my god!? donde conseguiste eso?! está tan cool!” invariablemente refiriéndose a alguna gangarria o un trapo nuevo. Besitos en cachetes y se retiraron a una mesa para el fondo, no porque no les gustara la atención de la gente, sino porque no se sentían muy bien con el look afectado por las ojeras provocadas la noche anterior, y no era bueno ser vista tanto cuando no estás luciendo tu mejor look.
Bolsos colgados al espaldar de cada silla, iPhones a la derecha de los utensilios de comer sobre la mesa. La selección del plato a comer del menú era interrumpida intermitentemente con detalles de la noche de Sábado que serán profundizados más adelante durante el almuerzo. Casi que a cada minuto una le preguntaba a la otra “Qué vas a pedir?”, y la otra sin casualidad respondería “No sé, qué vas a pedir tú?” Seguido por detalles random y banales como, “Viste a John recientemente? Ha bajado cantidad de peso!” La otra, que no había visto a John recientemente, halaría por su iPhone y buscaría una foto reciente de él en Facebook para confirmar la percepción de la amiga. En el fondo comenzaba a sonar un tema de Nikki Minaj. “Oh that song is so meeee!! Diría Stephanie cuatro segundos después de empezada la melodía.
Paula notó que había un error de ortografía en uno de los platos escritos en el Menú. Siguió sus instintos más básicos: tomó una foto del Menú, la posteó en Facebook y también blasfemó al respecto vía su cuenta de Twitter. Esperaba que su descubrimiento fuera todo un suceso; que generara montones de Likes en Facebook, comentarios y debates, además de los correspondientes re-tweets en Twitter. Sin embargo 3 minutos luego de posteada la información, aun cero reacción de friends and/or followers. Qué dolor! Por un momento dudó que tuviera cobertura en su teléfono. Cómo es posible que nadie reaccione aún?!?!
Es justo en ese punto, que una década atrás dos personas normales hubiesen ya entrado a hablar de los detalles de la noche. Dos historias continuas, con un hilo, un inicio definido y un final. Sin embargo aquello parecía una fábula de Esopo mezclada con suspense Hollywoodense, ante interrupciones tecnológicas, sin sentidos y desvíos innecesarios; un picotillo de cuentos que no encajaban ni siquiera para la mente de este autor que trata de imaginarse semejante picadillo, ambas siempre tratando de lucir “cool” en sus historietas. Stephanie parecía más enamorada de la decoración interior del Gabby’s que del cuento de Paula molestándose con un tipo que le pidió anoche su “opinión femenina” sobre cualquier tema de moda. Tomó dos fotos del layout de la mesa, aplicó un filtro retro para añadir misterio, puso como 5 hashtags del nombre de Gabby’s e ipso facto tiró para Instagram. El upload demoraba y bramó un protestón “C’mon!” par de veces en el proceso. Paula browseaba en su teléfono mientras tanto para no parecer aburrida sin nada que hacer mientras su amiga terminaba su obra de arte. Así que sin mas abrió una aplicación de esas que updatean tu status en todas tus social networks a la vez: dígase Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, y cambio su estado: “Teniendo un awesome time con Stephanie at Gabby’s!” Pues claro que estaban teniendo un awesome time! Sobre todo porque tenían la posibilidad de compartirlo en tiempo real con el planeta entero.
Las quesadillas llegaron, muy presentables y bonitillas en sus respectivos platos y ambos teléfonos inmediatamente al acecho, tomando fotos desde distintos ángulos. Le llevó un poco de trabajo a ambas sacar tomas decentes dada la pobre iluminación de la esquina donde estaban metidas. Pero nada que un buen filtro de post producción no resolviera. Una vez retocadas las fotos las chicas no podían aguantar a que fueran publicadas en la red! Paula puso dos fotos de su quesadilla y los coloridos ingredientes, el pollo y los ajíes. Stephanie teniendo la maravillosa revelación de que este día sería grandioso en el futuro y merecía ser recordado de manera especial, no atinó a otra cosa que crear un nuevo álbum en su profile y añadir 4 fotos de sus quesadillas, y el guacamole adicional circundante. Y comieron perdices, y fueron felices. “This is so good” fue escuchado un mínimo de 7 veces.
El postre fue un helado que compartieron entre ambas y Paula tuvo la creativa y novedosa idea de tomar una foto de Stephanie justo en el momento que esta se llevaba una cucharada a la boca. Hubiese sido una mejor foto, en mi opinión, si ella se hubiese quitado las gigantescas gafas, pero quitárselas delataría sus ojeras, lo cual pudiera inducir en los fans las sospechas de que estaba brava o not having fun, cuando la verdad era todo lo contrario!
Una vez finalizado el postre hubo 5 minutos de conversación ininterrumpida en la que ninguna de las dos operó su smartphone, pero los ojitos se les perdían constantemente desviándose a las pantallas de sus dispositivos a ver si algo nuevo entraba, y al no recibir notificaciones en tan prolongado período de tiempo, ambas pusieron nuevamente en duda la calidad de la cobertura de ROGERS en aquel lugar. La señal tenía las tres rayitas. Sólida como una roca. Tres minutos más tardes un update de Facebook. Nada interesante, es Alex, el muchacho creepy que el mes pasado se mostró escéptico en aquel debate de si el control anticonceptivo debía incorporarse en la ONU como un derecho humano básico de la mujer del siglo 21.
Sin dudas la parte más pasional del almuerzo fue cuando llegó la cuenta y se armó el debate de cuánta propina debían dejar. El servicio fue acceptable, bastante rápido. La comida sabrosa muy bien preparada. Pero recordaron que en un momento dado Stephanie no tuvo agua en su vaso y tuvo que llamar al mesero a que viniera. Haciendo tanto esfuerzo que tuvo que alzar su mano y girar su torso para lograr su cometido, en una posición antinatural y algo incómoda. Le pareció algo innecesario que la hubieran hecho pasar por semejante riesgo que por demás la podía haber lesionado. Así que convenció a Paula de penalizar al mesero con un 5% menos de tip, dejándolo entonces en 10%. (Más tarde esa noche Stephanie iría a Yelp y dejaría ahí una review de 3 estrellas de 5 posibles, citando el pobre servicio con el agua y el error ortográfico del Menú. Aún así recomendando que la comida era buena y valía la pena ir si no tenias otro lugar más interesante en mente. Intentó decirlo con una pizca de humor con la esperanza de recibir “Funny” likes, pero todo lo que recibió fue un par de “Useful” likes)
Se fueron del restaurant - Y mátame que no me acuerdo de quién fue la idea - pero acordaron tomarse una foto al frente de la entrada. Gracias a Dios el nombre del restaurant podía leerse claramente. Paula le pidió a un muchacho que caminaba por ahí, que de favor les tomara una instantánea. El, pues mas que feliz de complacerla. Pero Stephanie comenzó a sentirse ansiosa, porque....”Y si a Paula se le olvida uploadear esta foto?!?” No quería perder esta oportunidad porque bien puede ser la última vez que viniera a este pedazo de restaurante de mala muerte. Así que le pidió al muchacho que tomara la misma foto de nuevo pero esta vez con su teléfono. Él asumió todo orondo. Disparó las fotos, devolvió los artefactos. Se quedó ahí unos 20 segundos más de lo necesario hasta que al ver que no le hacían caso decidió seguir su camino. No era lo suficientemente “cute” ni “hot”.
Y qué joven que se respete hoy en día no termina una maravillosa tarde dominguera pasando por el Eaton Centre? Solo media milla mas al este? Tres nuevas fotos fueron tomadas por el camino. Nada trascendente. Consideraron comprar cotton candy en Dundas Square, pero que va, las Kardashians jamás se rebajarían a tanto, y ellas, por supuesto que no eran menos. "Primero muertas que sencillas" - se dirían para sus adentros en inglés.
No había mucho más notorio en el Eaton Centre que yo pudiera recalcar. A ver, qué puede haber de notorio y diferente en el Eaton Centre en un día cualquiera? Bueno, felizmente la fuentecita del piso de abajo estaba funcionando, soltando esos chorros intermitentes cada medio minuto o algo así. Para las amigas eso fue trascendental, y merecía ya no ser tomado en fotos, sino más: filmado en video y ojalá hubiese sido con una cámara de alta definición y no con estas mierditas, para así recordar como Dios manda aquel especial momento por tanto tiempo como se extendieran sus respectivas existencias por esta tierra.
Paula se paró por un borde de la fuente de forma tal que Stephanie pudiera sacarle varias fotos. El proceso se repitió viceversa, y finalmente las dos juntas, acudiendo una vez más a la ayuda de otro macho Beta que parecía más entusiasta todavía que el guanajo que tiró las fotos a la salida del Gabby’s. Un “Thank you so much” fue todo lo que se llevó el pobre infeliz. Las chicas examinaron las fotos con avidez y sonreían con sorpresa al scrollear de una a otra, como si verdaderamente les sorprendiera que la imagen que aparecía una y otra vez fuera la de sus caras y no la de la Princesa Diana.
Desde el inicio del almuerzo hasta este momento 55 fotos habian sido tomadas en total. 16 de ellas habían sido uplodeadas a las distintas redes, generando un total de 48 likes, 18 comments y par de re-tweets. Incluyendo, vale la pena aclarar, un comentario por parte del staff de Gabby’s disculpándose por el “typo” del Menu. Mmmm, nada mal para una tarde de Domingo, pensó Stephanie con orgullo. Quien razonaba, que a través de su esfuerzo, cientos de personas, sino miles, no tendrían que pasar por la falta de profesionalismo de un error ortográfico en un Menú.
Paula tenía una “date” para la cual prepararse esa noche. Era más bien una date casual, con un tipo al que había conocido por PlentyOfFish. Y aunque no estaba muy convencida de ir, ya que no estaba horny (Estaba siendo serviciada con calidad por Adam, su ex, par de veces por semana), pues no tenía más nada que hacer anyways a esa hora.
Llegó 17 minutos tarde para ser saludada por este hombre, que parecía sin dudas menos atractivo que lo que sus fotos de rock climbing sugerían. Sintió que se le había cogido pa’ eso por él haber uplodeado las mejores fotos de sí mismo y no la realidad más aterrizadita. En cambio, mientras él también se podía sentir desilusionado de que ella hubiera mostrado fotos de dos años antes cuando pesaba 10 libras menos, no fue tan exigente, y se veía visiblemente orgulloso y contento de haber cuadrado aquella cita. Aquella pequeña pero significativa victoria, después de haberle estado texteando sabe Dios a cuantas otras por cuanto tiempo.
El pidió un simple pero siempre seguro Whisky on the Rock, ella un Apple Martini y acto seguido tomó una foto de su trago y dejó el iPhone sobre la mesa mientras el tipo retiraba el suyo al bolsillo. Comenzaba a ponerse el sol, señalando el inicio de la noche lo cual marcaba el comienzo del bombardeo de mensajes de texto, precalentando el escenario para una noche loca Toronteña con el piquete, sabiendo que el Lunes siguiente sería Victoria day, feriado por demás, y la ciudad entera estaría masivamente en resaca por la gozadera de la noche de Domingo. Mas Paula fue educada, y solo desviaba su mirada del tipo cuando el teléfono vibraba. Echaba un rápido vistazo al preview del mensaje sin tocar el iPhone, que automáticamente se oscurecería a los 3 segundos de notificado cada mensaje. Así rápido, con vista de águila notaba quién mandaba cada mensaje y diciendo qué cosa. El socio se esforzaba aún, hablando de su más reciente viaje por Machu Pichu y el resto de las montañas Peruanas. De cuán excelente y exciting fue la aventura y de cómo llegó a aprender 1000 palabras del lenguaje Quechua en una semana. Y de cómo sentía que había crecido espiritualmente al entrar en contacto con la ancestral sabiduría Andina. Su historia, sin embargo, era incapaz de competir con el iPhone de Paula. Ella le ripostaba con una serie de “uh- huh”’s mientras la carcomía más y más la curiosidad de la cumbancha que el piquete tenía formada por Facebook. Y le daba cullillo saber que tenía 6 mensajes, no 3 ni 4, 6 mensajes sin leer!!
La cosa llegó a un punto de ebullición que ya Paula no podía más. “Sorry, tengo que chequear rapidito una cosa aquí importante“, y con la misma encendió, al fin, su iPhone y escaneó rápidamente los mensajes que esperaban por ella. Uno era de Adam, lo cual fue una placentera sorpresa pues él mayormente la contactaba los Jueves o Viernes. Decidió responder únicamentee el mensaje más importante de todos: el de Stephanie preguntando como iba la date. Respuesta: “Mija este tipo es más aburrido!” (Imagínatela en inglés Toronteño). “A qué hora nos vamos pal Tattoo esta noche?” “Hoy quiero usar mi vestidito sexy, el matador!”. Sonreía mientras texteaba sus ideas, con una sonrisa pícara que el tipo de la cita no era capaz de descifrar y se contentaba creyéndose que el texteo tenía que ver con él y que era algo positivo.
El chama sugirió otra ronda de tragos pero Paula había insistido que estaba agotada y que necesitaba un poco de descanso tras la dura semana que habia tenido at the office. Desfraudado él, pero no sorprendido pidió el cheque y se alegró de grata manera cuando ella ofreció pagar la mitad. Algo que él como buen caballero no aceptó (Si supiera que ella no tenía ni un centavo en su cartera de todos modos! Ofreció pagar la mitad a sabiendas que él no la dejaría). Se pusieron de pie, y recibió un abrazo de ella apretando ligeramente sus pechos sobre él, completamente ingenuo de que sería la última vez que la vería y que su SMS del dia siguiente quedaría en un limbo sin responder eternamente.
Se podría limpiamente decir que la date fue una pérdida de tiempo para ambos. Pero Paula no lo vio de esa manera. Disfrutó de su buen y overpriced Apple Martini; obtuvo una buena foto del trago; validación de su belleza por parte de otro macho más y la experiencia para contar a sus amiguitas por unos minutos demostrando cuán cotizada era ella en la dating scene. Además de darle un tema más de conversación para en el futuro llenar el tiempo quejándose de cuán aburridos y faltos de creatividad son los hombres de esta ciudad.
De vuelta en casa, Paula se apresuró en montarse su sexy y más que corto vestido negro. Buenas tortas de maquillaje y los tacones más altos que poseía. Y si cierto es que no lucía tan bien como dos años atrás, no tenía ni tiempo de notarlo dada la cantidad de compliments y date requests que recibía a diario por parte de machos Beta a su alrededor.
Se ubicó de frente al espejo del baño para tomarse unas cuantas fotos. Esto llevó su tiempo para que saliera ultra-bien. El secreto para una buena instantánea, según entendía, era hacerla lucir lo más natural posible. Como si el acto de tirarse una foto al lado de una taza fuese un evento espontáneo que solo ocurria en un raro y aislado momento de suprema inspiración artística. Cuando en realidad lo había hecho diez mil veces antes. Impresionante la habilidad para poner el mejor pose que su anatomía permite, y a la vez ocultar la incipiente papada al tirar la foto desde arriba hacia abajo en un ángulo preciso de veinte grados por encima de sus ojos. Después de 15 minutos en el cortejo de la foto salió del baño, pensando en todos los desconocidos que la mirarían esa noche, los que le dirían piropos y los que le ofrecerían tragos. Pensando que se había vestido así esa noche solo para recibir atención y no para sentirse segura de quién era como mujer en ese momento de su vida.
Ya en el Tattoo se reunían las 4 chicas. Los machos parecían salir de hasta detrás de matojos para meterse con ellas. Era como un enjambre de testosterona esperando sus respectivos turnos para acercarse e intentar algo. Números telefónicoss fueron entregados a los más cute y que más confident lucían. Par de ellos incluso llegaron a escurrirse por los cachetes de Paula y espantarle dos sencillos besos en su labio inferior. Vale aclarar que durante todo este tiempo todas las chicas mantenían un fuerte y seguro agarre sobre sus iPhones, usualmente en la mano izquierda de modo que pudieran fiestar, bailar y beber con la derecha. Hubiese sido demasiado riesgoso poner los iPhones dentro de la cartera, pues allá adentro, la leve vibración de los mismos ante un nuevo sms o una nueva notificación de facebook sería imperceptible. El hecho de que las chicas bailaran teléfono en mano no impedía en lo más mínimo que sus movimientos gimnásticos en el baile fueran menos originales ni fluidos. Y en cuanto el aparatico notificara de algo novedoso, incluso un amigo taggueado, del cual no se sabía hacía meses, pues ahí mismo el baile paraba por diez segundos y luego se restauraría, como si nada, como si la pausa nunca hubiese existido.
Lamentablemente la noche no era todo disfrute y felicidad. Paula habia olvidado poner a recargar su iPhone a mitad del día y ahora estaba ahí la temida alerta de que solo quedaba un 14% de batería disponible. No podría tomar ya más fotos con flash, lo cual en un club semi oscuro, implicaba no más fotos. Su noche estaba a punto de ser arruinada, porque sus amistades podían tomar fotos, videos y postear mientras ella ya no podía ser más que mera espectadora, que solo podía vivir el momento, mas no documentarlo.
A pesar del problema de la batería, que se gastó por completo poco después al no poder resistir la tentación de seguir tomando fotos grupales, la noche pudo catalogarse como un rotundo éxito. Entre las 4 chicas, se tomaron 236 fotos. 62 fueron uplodeadas generando 558 likes, comentarios etc, mayormente provenientes del género masculino. Las chicas entregaron su número telefónico un total de 13 veces, y 6 chicos apuestos fueron besados. Paula regresó a casa solita, y lo primero que hizo al llegar fue poner a cargar su iPhone. Esperó pacientemente a que recibiera la más mínima carga para encenderlo y recibir con agrado toda una explosión de mensajes y feedback de las distintas redes sociales. Ablandaron su alma, y reafirmaron su imagen de una chica popular en una big city.
Puso el teléfono en modo silencio y cayó rendida. 7 horas más tarde abrió los ojos e inmediatamente estiró la mano para alcanzar su juguetico, el cual yacía como siempre en el mismo lugar. Y ya, tan tempranito en la mañana había un texto de uno de los muchachos que conoció la noche anterior. Quién era? Ya ella no se acordaba, ni le importaba mucho tampoco. Porque las fotos, los comments y los likes le habían provisto de la validación, felicidad y emoción que ningún hombre podría darle. Este bien podía ser el hombre de su vida. O al menos uno con dos dedos de frente que la pondría a gozar y a sudar bastante por unas cuantas noches de sana práctica deportiva en una cama. Pero No. No le tomaría a Paula ni siquiera 10 segundos responder ante la pregunta de qué preferiría hoy?, perder el iPhone a cambio de conocer el tipo que te reviente el piso? o seguir con tu iPhone y conocer al susodicho en un futuro lejano, desconocido e incierto? No habría existido la más mínima vacilación para dar una respuesta al instante.
48 horas después, su mejor foto de la noche, en la que aparecía sola, ya tenía 102 likes en Facebook. Todo un nuevo record personal.
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